Thursday

ENTRANDO AL 2015

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Hace muchísimos años, cuando era muy joven y vivía en la ciudad de Los Angeles, despedí un año a solas en un camping leyendo a John Keats, fumándome un porro y tomando café americano. Recién había terminado una relación imposible, de esas que irremediablemente son forzadas a desaparecer por circunstancias fuera de nuestro control.  Me sentía melancólica, fatalista, sedotta e abbandonata, como el personaje del film de Pietro Germi. Leía una y otra vez este poema perteneciente a un poemario maravilloso que me había regalado quien me hiciera perder el sueño por largos meses de aventuras y pasiones:

BRIGHT STAR

Bright star, would I were stedfast as thou art-- 
Not in lone splendour hung aloft the night
And watching, with eternal lids apart,
Like nature's patient, sleepless Eremite,
The moving waters at their priestlike task
Of pure ablution round earth's human shores,
Or gazing on the new soft-fallen mask
Of snow upon the mountains and the moors--
No--yet still stedfast, still unchangeable,
Pillow'd upon my fair love's ripening breast,
To feel for ever its soft fall and swell,
Awake for ever in a sweet unrest,
Still, still to hear her tender-taken breath,
And so live ever--or else swoon to death.

Hoy, 31 de diciembre del 2014, hago algo parecido. Entonces regreso a mis primeros tiempos de emigrada, llegan memorias que fueron desplazadas por otras en ese caminar continuo del día a día y me asombro de la rapidez con que las etapas se queman y la edad se multiplica. Pero los recuerdos son regalos del Universo, incluso los malos y regulares, porque siempre están allí latiendo fragmentos del ser, de lo que hemos sido y aprendido, las lecciones que recibimos, los errores que cometimos, las buenas acciones que fuimos capaces de realizar, lo que nos acompañó en ese viaje mágico de la vida.

Cuando llegué a California recuerdo que mi padre me planteó vivir en su casa hasta que me graduara. No sé si para bien o para mal, nunca se sabe, pero preferí trabajar a invadirle su espacio y después alquilar un studio a unas cuadras de donde él vivía, de modo que me vi obligada a estudiar por las noches. Primeramente trabajé en Easy Rest, una factoría de muebles con un horario de 7am a 3pm, y al pasar de los meses conseguí cerca de casa una plaza como Teacher Aide en un kindergarten privado, perteneciente a una viuda bella y silenciosa pero algo bergante que había sido Mss Filipinas cuando era joven, su marido había fallecido en un aparatoso accidente en el freeway. Los niños (a excepción de dos guatemaltecos, un cubano, una puertorriqueña, un brasileño, tres árabes de Qatar y un norteamericano blanco de madre budista y vegetariana) eran asiáticos, provenían de familias filipinas, japonesas, vietnamitas, chinas y coreanas, sobra decir que disfruté mucho esos años, eran niños realmente inteligentes, maravillosos y educados, con ellos aprendí muchas cosas, entre ellas a comunicarme mejor en inglés, incluso cuando me equivocaba me corregían, especialmente una niña puertorriqueña que se llamaba Camille y que ahora no me cuesta decir era una de mis preferidas, tan alegre, cariñosa y brillante que le robaba el corazón a cualquiera. Aquí en este trabajo tenía un horario de 7am a 7pm y cuando salía me iba directamente a mi clase de Inglés conversacional (la impartía Mr Callaghan, un joven irlandés con el que luego mantuve una linda amistad hasta que falleció de AIDS) que para decir la verdad nunca he perfeccionado, pero me fue muy útil para el mercado laboral y luego matricular una carrera en el College y graduarme con mucho esfuerzo.

Me vienen a la mente otras historias, muchas anécdotas, infinitos encuentros, desencuentros y experiencias increíbles, gentes que fueron (y son) entrañables, aventuras repartidas por el ancho mundo en las que siempre recibí iluminaciones, y en cada instante vivido puedo decir que nunca dejé de agradecer a la vida por sus ofrendas y lecciones, así hubieran sido dolorosas y recibidas a latigazos, porque vivir es una responsabilidad, un compromiso, un aprendizaje, y por cada intento fallido, cada desacierto y desconcierto, cada infortunio que nos tropezamos en el camino, después hay que hacer lo posible por recompensar con humildad y simpatía otros espacios que merecen nuestra atención. Lo malo y no tan malo, lo fatal y siniestro, la falsedad y el encono, el prejuicio y la deslealtad, son elementos naturales de la existencia, pasarles por encima nos ayuda a estar en paz con nosotros mismos, a vivir mejor. Así sea difícil y a veces inmanejable, hay que imponerse a lo negativo por sobre todas las cosas.

Excepto por el porro -que ya ni sé a qué huele- y la melancolía de aquel amor que me hizo tener conciencia de la fugacidad de todo lo que existe, este nuevo año lo esperé leyendo a Keats, como aquél de un tiempo lejano cada vez más radiante, tal y como suelen ser los recuerdos que nos dejaron la hiel y el almíbar de un gran amor. Al sonar las doce campanadas -que me hubiera gustado haber escuchado en una Cuba libre, allá en el patio de la Catedral de La Habana- mi gran amiga de los años Tamara Lam y yo brindamos con Martinelli’s en compañía de nuestras mascotas y compartimos las doce uvas de los buenos deseos… a pesar del vocerío, alguna que otra blasfemia y la estridencia de corridos norteños en la casa vecina que desde la una de la tarde nos estuvieron arañado los tímpanos. Como bien se dice: Nothing is perfect! Los demás también tienen derechos.

FELIZ 2015. NO PROGRAMEN PROPOSITOS UTOPICOS, SENCILLAMENTE HAGAN LO QUE MAS LES GUSTA HACER.

GOD BLESS YOU.


C.K.Aldrey
01-01-2015
Foto: “Caballo galáctico”, obra de C. K. Aldrey, técnica mixta sobre lienzo.

Autor de la foto: Manuel “Manny” Verdecia    

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